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0085. Skvo:

«La satisfacción y la aspiración».

 

He encontrado una tenebrosidad más que experimento muy a menudo y a la que estoy acostumbrada. Es la satisfacción. Sabía que muy a menudo sentía la satisfacción, e incluso, muchas veces me di cuenta de que era una tenebrosidad pero nunca la eliminaba porque además de las percepciones desagradables que tenía durante y después de experimentar una satisfacción, en mí se manifestaba el afecto a ella, que era un placer bastante especial, igual que algunos disfrutan de la LSM o de la tristeza, etc.

Ahora veo que siempre aspiré a la satisfacción, siempre quise crear las condiciones en las que pudiera experimentarla. Aún ahora, cuando me dedico a la práctica, de la práctica misma trato de sacar las condiciones para la satisfacción. Por ejemplo, elaboré un plan de acciones – tenía que hacer una cosa 10 veces, otra 20 veces, y otra cosa más, 15 veces, y en aquel momento eran las circunstancias las que me apoyaban y me permitían estar en aquella satisfacción. Después de cumplir con todo, podía estar en aquella satisfacción porque había trabajado bien y ya podía “descansar” un poquito. Tuve el plan, y lo cumplí. ¿Qué más podía necesitar? Estaba bien. Y pensaba que todavía sería mejor en el futuro, así que dejaría de aplicar esfuerzos.

No quiero cambiar mis planes. Por un lado puedo y quiero aumentar la intensidad de la práctica, por ejemplo, aumentar la cantidad de las prácticas formales, pero no lo hago, además cantidad no es el sinónimo de la palabra “cualidad”. Y no quiero cambiar el método mismo, no quiero analizar los resultados de mi práctica (lo hago pero formalmente), quiero hacer lo que decidí hacer hace tiempo y no quiero pensar en por qué lo hago, qué recibo, si lo hago bien o no, qué me gustaría de verdad. Necesito el apoyo de este plan de  acciones, porque no tengo la firmeza para tomar decisiones momentáneas, cambiar algo en mi vida independientemente y ahora mismo, llevar la responsabilidad ante mí por mis decisiones en cada momento.

La satisfacción siempre se acompaña con una pereza de diferente intensidad. No quiero pensar si no puedo decidir algo ahora mismo, si hay que esforzarse para comprender algo. No quiero analizar ni tomar decisiones, me satisface consentir con la opinión ajena si me parece razonable. No quiero nada nuevo, y esto no sólo se manifiesta en la práctica, sino también en las cosas de cada día.

Un ejemplo de mi vida: pedí hora en la peluquería, y ya tenía un plan determinado para esta actividad. De repente en la calle me tropecé con una peluquera conocida que consintió en pasar por mi casa y yo sabía que era muy buena y que además me cobraría menos que yo pagaría en la peluquería. Todas las ventajas para la peluquera conocida: no tenía que desplazarme, estaba segura de la calidad, gastaría menos. Pero ya había tomado una decisión, ya tenía el plan... Decidí pensar (!) en qué hacer y después decidí pedir consejo (!!!) Cuando vi lo que pasaba, me quedé flipada por mi impotencia total. Me di cuenta de que si era tan impotente en las cosas más insignificantes, entonces ¿qué pasaría con los asuntos en los que hay que manifestar firmeza y valentía? La razón de que no pueda tomar una decisión, está claro que no consiste sólo en que yo tenga una satisfacción, la que es posible en general sólo cuando se sabe todo con mucho tiempo de antelación, y yo no pienso si hago lo que quiero o no, pero también la cosa es que me gusta mucho estar en la satisfacción.

A través de crear y guardar multitud de apoyos creo las condiciones en las que puedo experimentar la satisfacción. Lo sé todo, no me amenaza nada, lo tengo todo planeado, y puedo relajarme, es decir, dejar de esforzarme, dejar de estar atenta a mis percepciones, deslizarme a las percepciones acostumbradas.

Pude destacar  varias manifestaciones que al unirse se convierten en satisfacción:

• La alegría de poseer. Tengo un chico al que quiero, tengo casa, tengo mis logros en la práctica. Tengo algo MÍO y me gusta lo que tengo. Estoy contenta de que tengo algo MÍO.

• La tranquilidad. Todo va bien si todos a mi alrededor son simpáticos, si no veo ningún peligro, si no tengo las EN intensas. No hay ninguna razón para tener alguna tensión, o aplicar super-esfuerzos, todo está bien.

• La rutina. No pasa nada nuevo, todo se sabe de antemano, todo es conocido. Tengo objetivos débiles y sé que podré alcanzarlos.

• El estado gris claro. Aparentemente no se percibe nada que sea tenebroso, pero tampoco estoy inspirada, no tengo ninguna fuerza de percepción.

• La satisfacción del diálogo interior. No quiero controlarlo, no quiero dejar las distracciones caóticas, las fantasías, los pensamientos en los demás, en la gente que no me interesa para nada. Me gusta estar en esta mezcla, existe un placer en esto.

• El deseo de las impresiones. Tengo ganas de comer bien y empiezo a devorar comida rica olvidando a todo el mundo en estos momentos, no existe nada más, sólo mi placer. Quiero charlar, bromear, y que todos a mi lado también estén charlando y bromeando.

• La pereza. Prefiero que los demás hagan todo por mí. Aunque tengo hambre, me da palo cocinar, y tengo ganas de que lo haga alguien más y de que me traiga la comida adonde estoy, imaginándome no sé qué. Y a veces pasa lo mismo con lo que quiera, por ejemplo, investigaciones en la práctica, opiniones de los fenómenos observados, etc.

• El deseo de dormitar. Me gusta el estado entre el sueño y la realidad cuando ya aparecen imágenes del sueño y esto se acompaña por una sensación especial y muy agradable. No hay ninguna claridad en este momento, tampoco está presente la aspiración. Se parece al placer de las drogas.

• Marasmo habitual. Olvido cerrar el frigorífico, cortar el agua, hago un montón de acciones inútiles, olvido dónde acabo de poner un objeto, dejo caer las cosas, tropiezo.

• La falta de aspiración. Si me preguntas si realmente quiero estar en la satisfacción, claro que te contestaré que no quiero, pero en el momento en que estoy en ella no necesito nada más, estoy bien.

Es importante subrayar que casi cualquier interrupción de la rutina en la que tengo la satisfacción, enseguida provoca la insatisfacción. Por ejemplo, estoy alegre de poseer a mi chico o a mi chocolate y tengo la satisfacción porque tengo a mí chico y porque estoy alegre de que tengo a mi chico. Y de repente el chico hace algo que me obliga a dudar si es de verdad mío. O viene alguien y come mi chocolate. Y ya no tengo la satisfacción, tengo la insatisfacción.

Aparece la RN a lo que deteriora mi satisfacción, sobre todo si me dicen directamente que estoy en la satisfacción. Aparece una sensación especial, que se parece mucho-mucho al estado en que tengo mucho sueño y estoy durmiendo  pero alguien trata de despertarme.  Alguien trata de penetrar descaradamente en mi territorio. No quiero despertarme. No quiero despertarme a mí misma, sigo durmiendo (estaré un poquito más en la cama, soñaré un poquito más), tampoco quiero que nadie más me despierte (déjame en paz, lo sé todo)

Muy a menudo estuve en esta satisfacción pero nunca la percibí como una tenebrosidad grave porque no me hacía sufrir, al revés me traía placer. Entonces hice lo mismo que había hecho con la malicia. Apliqué el esfuerzo y recordé la percepción de la aspiración, y volví a darme cuenta de que estas dos percepciones son absolutamente incompatibles. Soy un verdadero cadáver cuando estoy en la satisfacción. No tengo ni una sola gota de vida en estos momentos. Me parezco a un osito de peluche con la sonrisa muerta y los ojos vidriosos. Si no tengo la aspiración soy un cadáver.

Declaro la guerra a la satisfacción. Voy a eliminarla igual que eliminé los celos. Vigilaré cada manifestación suya, aprenderé a reconocer su sabor en un momento para eliminar sus manifestaciones impecablemente. Nunca más quiero experimentar la satisfacción.

Si algo me hacía sufrir, me daba cuenta de que no era yo, era un mecanismo ajeno que había penetrado en mi organismo como un virus. Pero la satisfacción siempre era una parte DE MÍ, era yo, eran MIS manifestaciones. Ahora lo veo de otra manera. En este sitio hay diferentes percepciones incluso satisfacción. Y el mecanismo es igual que la insatisfacción. En ese momento tengo la elección: o tengo la satisfacción, o la aspiración. Tengo el deseo de experimentar la aspiración porque me gusta mucho más que la satisfacción.

Antes siempre tuve pánico o tuve la LSM cuando se manifestaba una tenebrosidad que contradecía a la búsqueda de las PI. Estaba segura de que si había tal tenebrosidad, significaba que en realidad no había ninguna aspiración a la libertad en aquel lugar. Ahora veo que es así: en este sitio puede manifestarse la percepción de la satisfacción y la percepción de la aspiración. Cuando hay una percepción, no puede estar presente la otra pero no significa que si estoy en la satisfacción, la aspiración no esté manifestada para nada en este lugar. Ahora no tengo las EN si encuentro en un lugar algunas tenebrosidades incompatibles con las PI y no soy demasiado valiente para reconocerlo. Esto se parece a la situación siguiente: voy por el bosque, me encuentro  diferentes objetos, los levanto, los investigo, los miro, en dependencia con mi deseo hago con ellos cualquier cosa pero no tengo la LSM si encuentro algo que me provoque el deseo de tirarlo. Son nada más que fenómenos, y me interesa estudiarlos, me interesa realizar diferentes investigaciones, y como resultado, en vez de unos aparecen otros fenómenos. Es sorprendente que pueda ser también así – no tengo la sensación de que estas tenebrosidades sean mías y debo sentir vergüenza o lástima, en vez de eso tengo una aspiración verdadera.

Tengo la decisión y el deseo de reaccionar de alguna manera para eliminar todas las percepciones que no me permitan que las PI se manifiesten.