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El camino a la conciencia clara.

 

Colección de los artículos – 01

 

 

0002. Lienzo:

"Los deseos mecánicos de dar a luz”

 

El otro día me pasó una cosa muy interesante. Caí en una de mis tenebrosidades favoritas en las que me siento que soy la peor de todos, que nunca he tenido éxito, que nada me sale ni me saldrá bien. Al principio he querido escribir “No podía hacer nada con esto”, pero en realidad simplemente no quería hacer nada ni cambiar nada de mi estado. Me encerré en mi habitación y pasé todo el día pensando, observando que estaba pasando conmigo. El estado era, ahora lo entiendo, horrible pero recordé que hace 2-3 años este estado había sido normal y permanente así que noté que mi vida había cambiado. Así que sufriendo mi inferioridad, me di cuenta de que en mi vida no hay nadie que podría apoyarme y por esto tenía mucho miedo, como si bajo mis pies no encontrara un suelo firme sino algo inseguro, como si pudiera en cualquier momento caer. Pero la cuestión era que necesitaba algo de estabilidad. Examinando mi vida me di cuenta de que en ella y sobre todo en aquel momento no había nada sencillo ni plano. ¿Qué va a pasar conmigo? ¿Dónde estaré dentro de un año? Nadie lo sabe y por eso no veo nada en mi futuro.

 Y en el fondo de todos estos pensamientos de pronto nace un deseo tan claro… ¡Necesito un niño! Este deseo me sorprendió mucho porque no puedo decir que me gusten mucho los niños o que quiera tener hijos a toda costa. A los niños los trato tranquilamente, a veces con simpatía pero nada más. Para mí los niños son algo incomprensible. En mi vida nunca he tenido a los niños a mi lado y los encuentro sólo en la calle o cuando a veces visito a mis amigos que ya tienen hijos. Por eso para mí era muy interesante de dónde apareció de pronto el deseo de tener hijos. Además me sorprendió la fuerza de este deseo porque no estoy casada ni tengo familia que pueda ayudarme a cuidar al niño; si no tengo baja maternal no tendré dinero para vivir, para pagar el piso, ni siquiera tengo los papeles para recibir asistencia médica gratuita. Pero este deseo no pudieron vencerlo ni siquiera lo argumentos más razonables. Permanecía existiendo apoyándose en los pensamientos tipo “no pasa nada, claro que podré hacerlo, seguro que alguien que ayudará”. Aunque tampoco conocía nadie que me pudiera ayudar. Este deseo se podía clasificar como un deseo místico como lo llaman las mujeres a menudo – “me di cuenta de que tengo que tener hijos. No sé por qué pero lo sé, o mejor dicho siento que tengo que dar a luz”.

Seguí pensando. Me sorprendió que este deseo hubiera aparecido precisamente en aquel momento, en uno de los peores períodos de mi vida. Había algo incorrecto en todo esto porque sé perfectamente que cualquier acción planeada y realizada en el estado lleno de las EN puede llevar sólo a nuevas EN. El deseo era muy fuerte como si un demonio me susurrara al oído que tengo que salir a la calle y follar a cualquier hombre y seguro que me quedaría embarazada a pesar de que no estuviera ovulando. Me interesó el que pensaré después. Me imaginé que iba a pensar después. Y me imaginé que ya había dado a luz y ya tenía un hijo. Y Casi vi en realidad como empezaría a cuidarlo, contemplarlo, preocuparme por él y toda esta preocupación parecía un poco locura. Reconocí en mi comportamiento lo que siempre veía en mi madre, era así en mi niñez y no cambió nada durante 20 años, siempre las mismas preguntas: “¿Has hecho pipi antes de ir a la cama? ¿Has comido hoy? ¿Tus pies están secos?” Este reconocimiento me dejó boquiabierta y al mismo tiempo me dio nuevas fuerzas por que en cuanto veo algunos rasgos parecidos a los de mi madre en seguida se despierta en mí la aspiración. Porque lo que tengo muy claro es que no quiero parecerme a mi madre en nada. Y nada más notar en mí algo de ella es la señal segura de que voy por el camino equivocado y que no quiero seguirlo. Y la cosa no es que esté enfadada con ella, sino que conozco muy bien a mi madre y sé perfectamente que es muy infeliz y hasta cuando nos llevábamos bien siempre quería parecerme a ella físicamente pero nunca quería tener el mismo humor. Siempre tenía muy claro que ella misma sufre y hace sufrir al padre y a todos los demás (y a mí también). En este deseo de tener un hijo me veo a mi misma como si viera a mi madre. Creo que ella dio a luz por la misma razón por la que yo estoy a punto de quedarme embarazada de cualquier hombre. Sentí miedo de que no estuviera segura en mi vida, no confiara en lo que estaba pasando, y la vida en general me asustaba. De esto proviene el deseo de encontrar algo o alguien en el que te puedes apoyar, algo que iba a tener e iba a saber que no lo perdería durante muchos años. Sentí que no sabía que hacer y dónde me encontraría dentro de algún tiempo y otra vez era el miedo de vivir porque en realidad no hay nada grave en qué me encontraría en otro lugar. ¿Acaso estuve alguna vez durante mi vida en un lugar horrible o fui atormentada gravemente? No, este miedo es torpe, no necesita motivos, simplemente existe y ya está.

Estudié mi mundo interior y no encontraba allí el amor sino el deseo contrario. El deseo de esconderme, huir, encontrar un apoyo. Y de pronto en este estado aparece un bebé. Esto parece muy buena razón para seguir viviendo porque ahora mi vida se hace muy clara para 20 años como mínimo. Ahora tengo algo definitivo, el sentido, un objetivo tan potente que ahora puedo permitirme el lujo de no pensar en nada, lo único que tengo que hacer es cuidar de mi hijo. Después ayudarle en la cuna, en el colegio, en la universidad y después vendrá la vejez. ¡Qué bonito! Y sin pensar qué tienes que hacer y para qué naciste. Y no había ni un poquito del amor cuando pensaba en este hijo pero me imaginé muy bien la alegría que me llenaría cuando le viera por primera vez a. Vi muy real como me alegraría cuando aparece a luz mi SENTIDO DE LA VIDA y como lo abrazaría fuertemente y le diría: “Mi amor, cariño mío”. Antes cuando oía estas palabras, creía que era amor pero ahora que quedé aterrorizada porque me di cuenta de que es ¡el fruto del odio de la vida! Y todas las palabras de mi madre de que estamos vinculadas para siempre eran lo mismo. Claro porque el hijo para los padres que tuvieron en este estado es el fundamento y el contenido de la vida. Si lo quitas, todo se destruirá por esto vas a recordarlo, sentirlo, mimarlo. Para mí esta relación se parece mucho a una adicción típica. Y tal vez esta comparación es horrible pero el alcohólico siempre siente dónde está su botella y esta botella para él es el sentido de la vida. El puede matar a cualquier persona que por ejemplo vierta su vodka al lavabo. Cuando me imaginaba a mi hijo sentía algo parecido. Y además comprendí a los padres que cuidan fanáticamente a sus hijos convirtiéndoles en apéndices incapaces porque tienen un miedo increíble de perderlos aunque la posibilidad sea mínima. Y no en vano dicen: “No lo comprenderás hasta que tengas tus propios hijos” y es verdad, yo, por ejemplo, nunca comprendía lo que sentían.

Y ahora no estoy hablando de todo el mundo. Posiblemente hay gente que tiene hijos por otros motivos y espero que mucha gente así exista. Pero reconocí a muchas personas, hasta los vi como en una película cuando me imaginaba a mi hijo y mis sentimientos hacia él. Parece que reconocí a todas las madres del mundo y hasta ahora cuando oigo las madres llamar a sus hijos adultos (y a veces mayores) a la oficina para preguntar como están, veo en este hecho la misma locura.

¿Y qué resulta? Que tengo miedo de vivir y que necesito apoyarme en algo. Y con este objetivo doy a luz a una nueva persona y su existencia más o menos explica la mía. Y es raro que si no quiero a nadie de pronto empiezo a querer a este bebé y siempre se considera que es normal y natural porque este niño es TUYO y no puedes no amarlo. Además a menudo dicen: “eres mío por eso eres lo mejor de mi vida para mí”. Siempre creía que era la manifestación de amor hacia mí pero en realidad es una declaración de amor hacia si mismo e incluso no es amor sino un deseo egoísta de aumentarse, de multiplicar sus cosas en este mundo. Es el triunfo del deseo más primitivo – el deseo de poseer.

Además vi la concepción de que mi hijo es una parte de mí. Cuando yo sola tengo miedo de vivir es otra cosa. Cuando a través del hijo me aumento, “me duplico” y mi miedo se dobla. Y por esto surge una preocupación paranoica en la que yo siempre percibía como la manifestación del amor. Tengo miedo de que pase algo con El primeramente porque temo perder mi único apoyo en un segundo porque me siento a mí misma en él y el miedo por mi misma traspaso al pobre niño.

La conclusión quizá más importante que hice es que ahora voy a prestar tres veces más la atención usando los medios preventivos y en los preservativos para no multiplicar mis miedos y preocupaciones además de mí, a un ser más. Y también para mí es muy importante que ahora entienda mejor a otras personas que tienen hijos y que los tratan parecido a lo que acabo de describir y por eso ahora tengo menos sueños románticos. No dejé de creer en el amor simplemente ahora veo mejor cuando son las manifestaciones de amor y cuando son los actos de posesión para huir de las EN que surgen mecánicamente por la soledad y como el modo de encargar a un niño todas sus esperanzas, convertirle en una pastilla que ayuda a olvidarse y dejar de buscar el sentido de la vida.