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El deseo mecánico de iluminar

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Sumario

    Hay unas razonas del deseo mecánico de iluminar a todos que te rodean. Es el miedo de la soledad, que abarca a la persona, cuando comienza a ver lo muerto que es la gente que la rodea. También es el SImP y el deseo sincero pero transformado por las ilusiones, siego por la ignorancia y la ausencia de la experiencia en la práctica de compartir la claridad y las PI.

    El síntoma de que una persona sufre de esta variedad de terrosidades son sus relatos sobre que él hablaba con alguien de la práctica y que éste lo «ha comprendido» «se dio cuenta de muchas cosas», «ha manifestado el interés sincero». Especialmente esta enfermedad es grave para los que tienen la experiencia en las PI pero no han llevado a cabo el trabajo suficiente de la eliminación de las ilusiones. Ellos quieren tanto compartir su alegría que se hacen completamente torpes e insinceros. Más a menudo esto se demuestra en las conversaciones con los parientes y los amigos que indica a la concepción fuerte que los parientes es la gente seguramente próxima. Ellos quieren nadar entre dos aguas: tener asuntos con la gente que aspiran a las PI pero al mismo tiempo guardar la amistad con los viejos amigos a las que tienen afición (es decir el conjunto de las EN y EP), y «encuentran» el compromiso, comienzan a «iluminar» a los parientes y amigos independientemente de lo que si realmente les interesa o no. Ellos prefieren simplemente creer en que este interés existes, descartando todo lo que contradice a ésta ilusión.

    Veía los ejemplos, cuando una practicante habló decenas de veces con el marido, con la madre, y después de cada esta conversación comunicaba alegremente que » esta vez él ha comprendido», «en sus ojos he notado la claridad», «él se ha dado cuenta, y esto era tan alegre»etc. Pero no le molestaba que después de aseguraciones en la comprensión este pariente manifestara con su conducta la misma torpeza y la ausencia de comprensión, la ausencia de deseo de investigar, aplicar los esfuerzos al cambio. Una vez tras otra ella continuaba iluminar a los parientes, aceptando sus reacciones motivadas por la cortesía, por el aburrimiento, el deseo de probar la satisfacción, tener la familia buena y etc., por el deseo sincero de comprender.

    Hay unas historias absolutamente absurdas. Por ejemplo, la muchacha se encuentra con el marido, ellos fuman juntos la marihuana, después de esto ella comunica que él por fin se ha dado cuenta de que no vale la pena fumar la marihuana y que ella no fuma la marihuana, y hasta no le apetece nada. Otro ejemplo: la muchacha en una fiesta mundada comunica con una señora sobre el teatro, el tiempo, la música, los caracteres, y esto le parece poco más «vivo», que las conversaciones de la gente restante de la política y el dinero, por eso ella trata inmediatamente de utilizar a esta señora en calidad de la pastilla contra la sensación desagradable de esta compañía, en la que se encontraba gracias a la piedad al marido que organizó todo esto, al deseo de la satisfacción. Ella entabla la conversación de la práctica y surge un milagro porque ve en los ojos de la señora un «interés vivo», «la comprensión sincera».No se le ocurre que para esta señora la conversación de la práctica es la misma rutina, igual que el resto. Ella no comprueba si de verdad tiene interés en el asunto si ella hace las preguntas, si medita, si comienza a hacer las tentativas de cambiar la percepción etc.

    Las consecuencias que de estas ilusiones del interés parasitario de otras personas pueden variarse de la desolación por algún tiempo hasta la caída profunda en las EN.

    La indicación a lo que hay razones de juzgar si tiene una persona la comprensión de algo aparece sólo cuando esta persona comienza a PORTARSE en concordancia con esta comprensión, choca habitualmente con la reacción defensiva, las aseveraciones espasmódicas y otra presión mental que tiene como objetivo hacer compartir su fe.